Santa Ana de Guadalupe. Una visita a Santo Toribio Romo

 Santa Ana de Guadalupe, es un pueblo chicharronero enclavado en una zona semidesértica de Jalostitlán, Jalisco. El pueblo está rodeado de lomerios de Jal Blanca con huizaches espolvoreados en toda la extensión. El tiene 324 habitantes según el censo de 2020. 

Las calles lucen concurridas por un turismo religioso que cada fin de semana peregrina por sus tres templos: dos capillas pequeñas y un  santuario de mayor dimensión. 

La popularidad arranca en el 2000, año en el que el Papa Juan Pablo segundo canoniza a una serie de mártires de la revolución cristera. Pero el que más atención recibe, por la cantidad de milagros que concede, según testimonios de la gente, es Santo Toribio, un joven mártir muerto a manos de los militares callistas cuando la Ley Calles estaba en su máximo esplendor.

Cada uno de los tres templos exhibe objetos personales del mártir. Los mismos están conectados por una calle de piedra ahogada que traza el camino. El pequeño templo al final de la calzada de los mártires, mantiene a su costado una casa de adobe con utensilios domésticos de principios del siglo pasado y una foto familiar de San Toribio. 



Al centro y en lo alto el templo que guarda la ropa con sangre, producto de las heridas del martirio. La gente se agolpa en el pequeño pasillo para tomarse una foto, encender una vela eléctrica o colgar un agradecimiento por el milagro conseguido. 

La calzada de los mártires es el paseo de un kilómetro de largo cercado por palmeras de dátiles y cactus de tres metros de altura, serpentean los pequeños negocios de playeras de estética chicana, lo mismo conviven los labios carnosos de Selena o la Santa Muerte que el rostro jovial y de ojos claros de Santo Toribio. 

Santo Toribio es el santo de los migrantes. Cuenta la historia que acompañó a un migrante a cruzar la frontera, le ayudó en su camino y le hizo llegar con bien. Las historias en los velatorios reúnen los rezos de las madres que ven partir a sus hijas e hijos al norte buscando ser alguien en la vida, y la única protección que les pueden dar es la encomienda al santo de ojos claros.

Son muchos los mártires que también fueron canonizados por Juan Pablo segundo, los bustos de ellos se dispersan por los costados del camino. Los jardines lucen cuidados y con una mezcla de flores y cactaseas que dan armonía al conjunto. La cantidad y diversidad de sombreros a la venta es directamente proporcional a la intensidad de los rayos de sol a pleno mediodía. 

El turismo religioso encuentra la joya más preciada en el santuario, una construcción de 24 años de antigüedad cuyo diseño es de amplios bodegones luminosos para albergar a mucha gente. Las paredes intentan dar la impresión de cantera rosada, pero su lugar se usó un material más barato y fácil de transportar. 


Hacer turismo religioso es encararte con ciertas narrativas, por ejemplo a la entrada del santuario de San Toribio te recibe una maqueta de fetos a escala, puedes ver piezas talladas en un material parecido a la arcilla, con tamaños que van desde la semana de gestación hasta los 9 meses. Aparejado a las figuras puede leerse mensajes que intentan disuadir del aborto, con el argumento científico de que el ADN está presente en ese potencial ser humano desde el día uno. 

Otro narrativa poderosa es la del dinero presente en la llamadas colectarías, especies de tiendas de souvenirs religiosos que van desde escapularios de seis pesos, lo más barato, hasta imágenes de tamaño real esculpidas y pintadas a manos por 10 mil pesos. 

La fé puede tener muchas caras, pero su leiv motiv es servir de protección del miedo más atávico. Impresionan los gestos de las personas al tocar la urna que dicen contiene los restos del santo. Como si en los jirones de ropa ensangrentada se pudiese expiar el pecado de ser tan frágiles.  

El turismo religioso es el preferido de las muchachas de más de 60 años, en un camión de 45 personas las jóvenes son sobrinas, hijas o nietas de aquellas que para sentir la seguridad de la experiencia se acompañan de familiares o amistades cercanas. 

Las caminatas exigen como mínimo 10 mil pasos y el número de iglesias visitadas debe cubrir la cuota de un recorrido de 19 hrs. Rezar el rosario al salir de la ciudad y al regreso es una actitud del turismo religioso, ir con amigas y procurar llevar el mismo sombrero te da un plus; el plus para destacar de las demás.







Comentarios

Entradas populares