Estoy leyendo un precioso libro titulado  «Cantos de mal dolor» que escribió uno de los grandes en México, Juan José Arreola, la edición que tengo en las manos es una de bolsillo del grupo Penguin Random House empresa que con apoyo del Programa de Fomento para el Libro y la Lectura; Programa Nacional de Salas de Lectura y la Secretaría de Cultura imprimieron como ejemplar gratuito para difundir la obra de este GRANDE DE LAS LETRAS y, que por su puesto soy beneficiaria, creo que sin este esfuerzo aun no hubiese leído a Arreola, incluso aún me cuesta trabajo recordar el nombre, pienso en Rulfo que es un escritor igual de importante, pero más difundido. 
En la foto aparecen los textos de la página 110 y 111 «Post Scriptum» que les comparto completo en esta entrada para que ustedes lo disfruten tanto como yo:

Ya con el cañón de la pistola en la boca, apoyado contra el paladar, entre un aceitoso y frío sabor de acero pavonado, sentí la náusea incoercible que me producen todas las frases hechas. "A nadie..."
No temas. No voy a poner aquí tu nombre, tú a quien debo la muerte. La muerte melancólica que me diste hace un año y que yo aplacé lúcidamente para no morir como un loco. ¿Te acuerdas? Me dejaste solo. Boxeador noqueado en su esquina, con la cabeza metida en un cubo de hielo.
Es cierto. Bajo el golpe me sentí desfigurado, confuso, indefinible. Y todavía me veo caminar falsamente, cruzando la calle con el cigarro apagado en la boca, hasta el poste de enfrente.
Llegué a mi casa borracho, volviendo el estómago. De bruces en el lavabo, levanté la cabeza y me vi en el espejo. Tenía una cara de Greco. De bobo de Toledo. Y no quise morirme con ella. Destruyendo esa máscara se me fue todo un año. He recuperado mis facciones, una por una, posando para el cincel de la muerte.
Hay condenados que se salvan en capilla. Yo parezco uno de ésos. Pero no voy a escapar. Disfruto el aplazamiento con los rigores de estilo. Y aquí estoy, todavío vivo, bloqueado por una frase: "no se culpe a nadie..."

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